Una
peculiar ideología reaccionaria se disemina rápidamente en nuestra sociedad
destruyendo lo que queda del espacio público. Cómo las clases populares
colaboramos en la construcción de nuestro propio infierno.
Juan Manuel Cano
Cultura e ideología se
entremezclan sin pudor; es más, solo podemos separarlas para pensarlas; porque
afuera, nuestras conceptos, no existen. Hablamos de ideología, pero también de
moral, política y sociedad. De cómo comprendemos el mundo, las consecuencias
prácticas; que lejos de ser neutrales, son coherentes con determinados
intereses.
Es así que definimos al
Anarquismo Conservador como una ideología; ya que se trata de una cosmovisión
del mundo que favorece los intereses de una determinada clase social. Pese a
esto, debemos remarcar que no se reconoce como tal, ya que el individualismo
extremo es un componente esencial en su sistema de creencias. Se trata de un
tipo de anarquismo muy distinto y hasta opuesto al Anarquismo Revolucionario
Analicemos un poco más
en profundidad de qué estamos hablando
ANARQUISMO
REVOLUCIONARIO Y ANARQUISMO CONSERVADOR
El Anarquismo
Revolucionario tiene un desarrollo teórico común con el marxismo y logró una
difusión importante entre los trabajadores a fines del siglo XIX y principios
del XX. Rápidamente, podemos remarcar que acepta las categorías marxistas de
lucha de clases y revolución; pero hasta ahí las coincidencias, ya que niega
que el Estado deba ser tomado por la clase obrera. Para el Anarquismo el Estado
debe ser destruido; por esta razón su estrategia es la acción directa, las leyes
mantienen un orden de dominación, destruyéndolas se termina con ese orden y la
igualdad surge espontáneamente: no sería necesaria la policía porque no existe
propiedad que proteger.
El movimiento punk fue
el último suspiro del anarquismo. Muy reformulado y empobrecido con respecto a
los desarrollos teóricos de principios de siglo; mantenía, sin embargo, el
espíritu libertario y la desconfianza hacia la pretensión de neutralidad de la
norma.
Ese espíritu
igualitarista y útopico lo diferencia con claridad del Anarquismo Conservador
¿Por qué llamarlo anarquismo si sus pretensiones son absolutamente contrarias? porque
tiene en común ver en las normas al enemigo.
Aquí terminan las
similitudes; para el Anarquismo Conservador la norma es algo que se debe burlarse
y no destruirse. No hay pretensión de cambio social, si no de ventaja personal
inmediata; es la ideología de la viveza, en la cual no tiene sentido cumplir
con la norma si se puede evitar el castigo. Cruzar semáforos en rojo, pagar y
recibir coimas, robar sin escrúpulos… todo vale ya que el único objetivo es
sacar ventaja personal y el único esbozo de defensa moral del propio acto: “es lo que todos hacen”. Lo corrupto, por
recurrente, se vuelve normal.
¿Quién es el enemigo de
esta ideología? Todas las ideologías lo tienen y el Anarquismo Conservador no
es la excepción. Se trata del “hincha
pelota”: aquella persona que quiere hacer las cosas como corresponde, que
se indigna ante la corrupción, que no acepta incentivos materiales para mirar
hacia otro lado, que se preocupa por las consecuencias del acto corrupto ya que,
en general, siempre lo pagan los más débiles. Básicamente, el hincha pelota, es el que no me deja
robar tranquilo.
ANARQUISMO
CONSERVADOR, POLÍTICA Y SOCIEDAD.
Hasta aquí vimos
algunas de las características de esta peculiar ideología, pero no analizamos
cuales son los intereses sociales que defiende ¿Qué sectores son los que se
benefician con la diseminación de estas ideas?
Gracias a Gramsci
sabemos que la clase dirigente es la que logra la conducción moral de la
sociedad. Básicamente, la que logra que sus propios intereses sean vistos como
el interés general; por ejemplo, cuando Aramburu se dirigía al país con el
retrato de una espiga de trigo detrás; estaba diciendo: “si se venden trigo, no ganan solo los terratenientes, ganamos todos”.
Los distintos sectores
sociales luchan por constituirse en dirigentes y esas batallas se dan en las
trincheras ideológicas: la escuela, los medios de comunicación, la calle y los
bares.
Ahora bien; sabemos que
el anarquismo conservador se da en todas las clases sociales; desde la base, en
el chico pobre que recurre al punguismo; pasando por enfermeros que roban
insumos; hasta los grandes negociados de políticos y empresarios. Todos están
atravesados por tan fastidiosa ideología.
Pensando un poco sobre
el punto de emergencia del Anarquismo Conservador veremos la importancia de los
años 90; en la exuberancia corrupta y frívola del Menemismo estaba el germen de
esta nueva ideología. El meta- mensaje era: “nada importa” de esta forma se podía abrazar con Rojas, jugar un
partido de futbol con la Publicidad de Renault en su camista, andar en Ferrari,
poner diputados truchos, venderle armas a Ecuador cuando se era mediador en el
conflicto entre este país y Perú. El espíritu de la época fue “me rio de todo y me la llevo a paladas”
Las consecuencias
sociales fueron espantosas.
Pese a que todos se
quejaban de la corrupción comenzó a escucharse algo perturbador “ya estoy cansado, me voy a meter en política
para robar”. El pobre, el laburante, el que estaba cansado; admitía que
estando en política repetiría las mismas prácticas que lo estaban perjudicando
duramente.
Las consecuencias
morales fueron aun peores.
No hace falta estar en
política para ser corrupto: policía que aceptan coimas, docentes que roban
libros y noteboocks, enfermeras que se roban medicamentos y hasta canillas del
hospital. Un panorama aterrador normalizado porque “todos lo hacen”. El espacio público, es banco predilecto para estas
prácticas por la falta de control y las complicidades entre los funcionarios de
distintas jerarquías.
De esta forma las
clases populares construyen su propio infierno: los que necesitan del espacio
público son los pobres, los ricos pueden comprar.
Por último, vale
remarcar que esta ideología tiene su origen y es absolutamente funcional a los
sectores más acomodados de nuestra sociedad; el gran empresariado. La razón es
muy simple, a medida que se asciende en la escala social se poseen más recursos
para burlar las reglas; con dinero puedo coimear a un juez y a un político, con
contactos puedo hacer posible esa coima. Por otro lado, si bien es verdad que
las normas mantienen un orden establecido que es de dominación y explotación;
también es verdad que esta necesita un límite para poder reproducir el sistema.
La fase del consenso es importante, es el Estado que cura, educa, genera
empleo. Esta fase es la que más sufre el anarquismo conservador dejando en
situación de desamparo a millones de personas que reproducen esta ideología,
caminando directo al infierno.
En un anarquismo
individualista, triunfa siempre el más fuerte. Por eso es conservador: hace más
poderosos a los poderosos y más débiles a los débiles.
